domingo 31 de enero de 2010

LA ESPIRITUALIDAD COMO EXPERIENCIA DE VIDA

Es posible que basemos nuestra espiritualidad en una doctrina y nos apoyemos en conceptos afines a ella. Se necesita una preparación diaria a través de un método de vida.

Pero todo ello sólo tiene validez cuando está plasmada en la propia vivencia y mucho de lo que podemos decir proviene de esa experiencia.

Lo que sí se puede decir es que acercarnos a la espiritualidad nos conecta con la Esperanza; con el Sentido de la Vida, con el futuro. En el camino que nos toca recorrer tenemos un montón de tropiezos, testimonios de vida hay a montones, el darse cuenta sin esconder la cabeza y asumir con responsabilidad los errores cometidos no es tarea fácil.

Pero levantarnos y volver a ponernos en el camino es una cuestión de conciencia y voluntad. Todo lo que se ha escrito sobre la espiritualidad es letra muerta si no está conectado con nuestra vivencia, la de todos los días allí es donde la transformamos en motor de vida, es un motor que nace en nosotros mismos.

Por años hemos estado ligados a esta vivencia de diferentes formas, la más importante la participación como ofrenda concreta de vida entregando lo mejor de uno mismo. "La palabra guía, el ejemplo conduce, pero solo el darse... Transforma"-Santiago Bovisio

Aprendemos y admiramos la belleza del respeto entre los hombres. Es una tarea titánica tratar de no convencer de nada a nadie, y poder hablar, estudiar, aprender desde la propia vivencia. Este esfuerzo cada vez que se logra se convierte en uno de esos raros momentos que producen fascinación en nuestras vidas. El mundo se amplía enormemente.

Descubrimos en nuestro entorno otros seres que aman la vida; la dignidad del ser humano, su felicidad, su esperanza…..de una u otra forma todos buscamos el amor. Con distintos idiomas. Con diferentes formas de vivir, pero todas inspiradas en un profundo respeto por el otro.

Contrariamente a lo que se podría suponer la visión de aquello que llamamos Dios se profundiza más que nunca. Descubrimos la tolerancia de aceptar que Él/ELLA tiene muchos Rostros muchos nombres con los cuales nos habla a cada quien según su medida y su cultura. Aprendemos a amar a Dios a través de los demás; aprendemos que la compasión y la humildad son fuentes de paz y armonía.

Seguiremos cometiendo errores. Seguramente seguirá siendo así. Pero tratando de no repetir antiguos errores, porque eso es ignorancia. Día a día podemos equivocarnos por ser simplemente seres humanos. Lleno de temores, limitaciones pero con la capacidad de amar un poquito más cada día.

Estos serán los pasos que iremos dando para aceptarnos tal como somos, mirarnos al espejo y con una sonrisa poder decirse a si mismo….me perdono.
Las historias son personales. Las vivencias son personales. Hay muchas otras de hombres llenos de amor por los demás que se expresan a través de otras espiritualidades.

Seres que miran el mundo desde la biología, la medicina, el arte, la docencia y desde cada actividad del “ser humano” con pasión y que buscan cada día el bienestar común, tanto bien nos hacen acompañándonos y mostrándonos nuevas posibilidades.

Y nos hacen un regalo de incalculable valor para nuestras vidas, mostrando su amor de una forma tan concreta….Esto que vivimos es lo que nos acerca a la Espiritualidad que alimenta silenciosamente estos procesos.

miércoles 27 de enero de 2010

Un Actor se Prepara, un Alma se Desenvuelve

…el propósito de actuar, cuya finalidad, tanto en sus orígenes como ahora, fue y es, a manera de decir, ponerse frente a un espejo...
William Shakespeare

El trabajo del actor es crear un carácter, una personalidad, y presentarlo a la audiencia viviente, real. El proceso de llegar a ese trabajo nos recuerda al proceso de desenvolvimiento espiritual y de llegar a conocer el verdadero yo.

Una vez tuve un papel secundario, en un teatro regional que estaba presentando Julio Cesar, de Shakespeare. Al caminar bajo el escenario, durante una función, para ocupar mi lugar entre “los extras”, la actriz que tenía el papel de Porcia se acercó a mi con expresión de angustia.

Le toqué el brazo y le pregunté, “Carol, ¿te sientes bien?” Me respondió en un susurro “Él no quiso decirme nada”. Y enseguida sonrió: “Yo estoy bien, pero Porcia es la que no anda nada bien” y volvió a reír.

Carol, la actriz, terminaba de presentar la escena en que Porcia, dándose cuenta del insomnio y la preocupación de Bruto, tanto como de sus encuentros clandestinos con líderes de Roma, le ruega que comparta sus problemas con ella. Y aunque le muestra una herida que ella misma se había hecho en la pierna para probarle su capacidad de guardar secretos, deja la escena sin respuesta. Cuando me encontré con Carol, me encontré también con Porcia. Carol se había revestido de Porcia tanto como de la de la toga y la máscara, y aunque la actriz había estado allí durante toda la escena, la audiencia sólo había visto a Porcia. Tengo la impresión de que la audiencia se había olvidado de haber estado viendo a Carol Wilson, una actriz que ya habían visto antes representando toda clase de personajes, pero que ahora se había identificado con Porcia. Carol misma, cuando yo la vi bajo el escenario, estaba todavía identificada con Porcia, pensando y sintiendo como ella. Pero cuando yo le hablé, Porcia se esfumó y Carol se rió de su propia participación en la escena.

Esta “participación” con una personalidad adquirida es común, creo, en la mayoría de nosotros. Empezamos muy temprano en nuestras vidas a crear una personalidad para presentarnos al mundo, a veces conscientes de hacerlo, pero con frecuencia nos identificamos tanto con esa personalidad, que, a diferencia de Carol, perdemos de vista al yo que existe detrás de la personalidad creada. El proceso que lleva al actor a desenvolver un carácter puede ser una excelente herramienta espiritual para un actor, y a mi parecer puede darnos a todos una vislumbre en el desarrollo de nuestra propia personalidad y de cómo podemos llegar a conocer a nuestro verdadero yo.

Mucho antes del estreno de la obra, Carol había empezado su trabajo estudiando a Porcia en el escrito, prestándole mucha atención a lo que el carácter hacía y decía, a cómo se relacionaba con los otros personajes, y lo que los otros decían de ella. Había mucho que descubrir sobre la vida de Porcia, no solo en el tiempo presente del papel, sino también sobre su pasado.

Había preguntas que hacerse: ¿Era ella rica o pobre cuando niña? ¿Era educada? ¿Qué tal era ser esposa de un pilar de la sociedad romana? La actriz tenía que echar una extensa mirada, objetiva, a ese carácter, y llegar a comprender también su personalidad, creando hasta las razones lógicas que justificaban su conducta si Shakespeare no las había explicado en su libreto. Carol encontró que Porcia era una hermosa, educada, inteligente mujer de la nobleza, de naturaleza fuerte y valiente; era también muy capaz de enojarse, preocuparse, y, al final, capaz de desesperar y cometer suicidio.

Acto seguido, Carol necesitó descubrir lo que ella tenía en común con Porcia y para ello tuvo que verse a sí misma profunda y honestamente. Pronto reconoció su propia fuerza, coraje e inteligencia, pero no podía parar allí. Siguió más allá de las mejores partes de sí misma, de la imagen con que ella quisiera ser vista por los demás, fue a sus zonas más oscuras donde era capaz de irritación, miedo y hasta desesperación. Se vio a si misma en Porcia y a Porcia en sí misma, y las aceptó a las dos en su condición humana.

En nuestro trabajo de desenvolvimiento espiritual este método objetivo y franco de auto-estudio nos puede ser útil a todos. Cuando somos capaces de enfrentar nuestro ser real y el “rol” que representamos ante los demás, y a veces ante nosotros mismos, cuando miramos profundamente las sombras y los aspectos menos-que-ideales de nuestra persona, ahí empezamos el trabajo de desenvolvernos espiritualmente.

En su estudio de sí misma y de Porcia Carol descubrió cuánto tenían en común. A pesar de las diferencias de estilo de vida, ambas habían sufrido dolor físico y depresión, sentían mucho amor por otros y se preocupaban por los asuntos de la vida cotidiana. Cuanto más roles un actor representa, cuanto más rasgos de carácter busca dentro de sí mismo, con tanta mayor claridad ve lo mucho que comparte con toda la humanidad. A medida que nos miramos a nosotros mismos con objetividad, empezamos también a ver nuestros lazos con otros seres humanos. Si alguien aparece orgulloso, o enojado, o amable, y nosotros hemos reconocido ese mismo sentimiento dentro nuestro, las barreras que nos separan se empiezan a disolver. Empezamos a reconocer en los demás nuestras propias alegrías y sufrimientos, nuestras idiosincrasias y neurosis, nuestras necesidades y deseos y comprendemos cuánto estamos enlazados a otras almas.

Una vez que Carol conoció a Porcia casi tan bien como a sí misma fue capaz de “entrar en el personaje”, incorporando tanto los sentimientos y pensamientos internos como el modo de hablar, los gestos y las acciones que eran propios de Porcia. Cuando el actor lo consigue, esta transformación parece casi mágica.

Recuerdo haber estado observando a un actor que esperaba en los corredores para entrar al escenario como Moriarty, el genio perverso de la obra de Sherlock Holmes. El actor, Herb, era amigo mío y yo sabía cómo era él, amable, divertido y abierto en el trato. Ahí estaba, en el corredor, con su saco negro, guantes y galera en lugar de sus blue jeans y su remera. El giró la cabeza hacia donde yo estaba y en vez de amistad yo le vi un brillo frío en los ojos, y la boca estaba encorvada hacia arriba en una sonrisa tan cruel que no me hubiera sorprendido verle salir entre los labios una lengua de serpiente. Me hizo estremecer cuando se deslizó hacia al escenario. Después de la obra fue un alivio verlo otra vez con su sonrisa amistosa, sus ojos chispeantes y otra vez con sus pantalones vaqueros bien gastados, habiendo dejado a Moriarty en el perchero.

La transformación puede parecer mágica, pero al actor le lleva tiempo y esfuerzo hasta que consigue crear y “encarnar” el personaje; sin embargo qué fácil nos resulta a nosotros “cambiar de carácter” en nuestra vida diaria. Podemos hablar, pensar y hasta vestirnos de modo diferente con diferentes personas y en situaciones diferentes. Podemos ser una persona frente a nuestros padres, otra para nuestros niños, y otra todavía con nuestro empleador a medida que elegimos los aspectos de nuestra personalidad que trabajan con más armonía en cada situación, o quizás, porque nos permiten conseguir lo que queremos.

La diferencia entro nosotros y Carol – la actriz, es que Carol siempre sabe que se está “vistiendo” de un personaje. Aunque ella se identifica con el rol, parte de ella debe permanecer como un observador, ajustándose constantemente a las necesidades de la obra, o de los otros actores, o de algún imprevisto. Si el equipo de apoyo pierde una señal y el teléfono no suena en el escenario en el momento previsto, la actriz ha de hacer un rodeo y al mismo tiempo permanecer en su carácter. Nosotros también necesitamos desarrollar esa parte del observador dentro nuestro para salir adelante con un niño cansado, un patrón iracundo o una madre o padre enfermo. Si nosotros respondemos según el aspecto de nuestra personalidad que se está expresando en el momento podemos decir o hacer algo que después lamentamos. De los actores podemos aprender a permanecer conscientes y alertas en todo momento durante los varios roles con que actuamos en nuestras vidas.

Carol dedicó bastante tiempo a hacer trabajo interior, para elegir un modo u otro de expresar las reacciones de sus personajes, pero sabía bien que no era suficiente confiar solamente en su propias dotes de observación. El director de la obra actuó para ella como un observador exterior, guiándola hacia su objetivo. Fue el director el que la ayudó a mantenerse en línea, aconsejando y ayudándola en su trabajo. De manera similar la guía espiritual puede sernos valiosa en nuestro camino espiritual. Aunque podemos observar mucho de nosotros mismos, un observador exterior objetivo que se interesa sobre todo en nuestro bien espiritual puede ayudarnos a vernos a nosotros mismos honestamente y a hacer elecciones apropiadas a medida que nos dirigimos hacia nuestro propósito espiritual.

Así fue como Carol llegó a conocer bien a Porcia, y a sí misma mejor que antes. Entonces llegó la hora de darle vida a su rol frente a la audiencia. Así pudo enfocar la atención en cada momento de las escenas y en lo que su papel de Porcia requería.

Después de la actuación describió los sentimientos de muchos actores: “La audiencia y yo cruzamos la distancia mutua para compartir una experiencia, una emoción, un momento de vida en la humanidad”.

Frecuentemente el actor y la audiencia experimentan un sentido de participación, una apertura mutua, un encuentro en que se reconoce que somos todos iguales. Tal como Shakespeare lo dijo en Como Les Guste

Todo el mundo es un escenario,
Y todos los hombres y mujeres somos
meramente actores
Que tienen sus momentos de entrar o salir
Y cada persona en su hora representa
muchas partes…

Cuando vivimos nuestras vidas con objetividad, conscientes y alertas podemos, como los actores, llegar a conocernos y aceptarnos a nosotros mismos y a los demás, y, mediante ese conocimiento y aceptación desenvolvernos espiritualmente con compasión y amor.

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domingo 17 de enero de 2010

Sepa cómo ayudar desde Paraguay a los damnificados en Haití

Los paraguayos pueden colaborar con los miles de damnificados que dejó el poderoso sismo que devastó a Haití el martes pasado. Una forma de ayudar es haciendo una donación a una cuenta bancaria habilitada para tal efecto en el HSBC. Asimismo, la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) dispone ya de un centro de recepción de víveres.

Una cuenta bancaria en el HSBC fue habilitada para que los paraguayos puedan realizar su aporte solidario para los cientos de miles de damnificados haitianos. Los aportes pueden hacerse desde 5 mil guaraníes.

Las cuentas habilitadas a nombre de la Cruz Roja / Haití son 31259/010 para donaciones en dólares, mientras que el 31259/002 son para donaciones en guaraníes.

La recepción de las donaciones se realiza desde la fecha en todas las sucursales del HSBC en Paraguay, según informaron fuentes de la citada institución bancaria.

El doctor Luis Fernando Díaz de Bedoya, de la Cruz Roja, dijo que esperan que la gente pueda colaborar en la medida de sus posiblidades. “Ya hemos enviados a socorristas entrenados” dijo a Ñandutí, sobre la labor de ayuda humanitaria al devastado país centroamericano.

Camilo Soáres, titular de la Secretaría de Emergencia Nacional, dijo que harían el anuncio de adonde se podrá acercar víveres y frazadas, en la tarde del viernes. “Todavía no instalamos el comité y necesitamos que todo se pueda inventariar bien” sostuvo en comunicación con Paraguay.com

Paraguay ya envió 5 toneladas de víveres y cuenta con 51 mil más en stock, para facilitar a los damnificados, en la medida que la situación lo requiera.

Si usted conoce alguna otra manera de ayudar a los afectados con la tragedia. Escribanos a redacción@paraguay.com


Más información en los sitios oficiales de las siguientes organizaciones

Comité Internacional de la Cruz Roja

Programa Mundial de Alimentos

Organización Internacional para las Migraciones

Unicef

Médicos Sin Fronteras

DESGARRADORES TESTIMONIOS

Las calles de Puerto Príncipe, la capital de Haití, se han convertido en una trampa, con buena parte de los edificios a ras de suelo y bajo los mismos un número indeterminado de personas.

"Todo temblaba, era como un baile, la gente salía de los vehículos, corría y gritaba", ha dicho un testigo a la agencia EFE, quien ha asegurado que vio un carretera "abrise por la mitad" ante sus ojos.

Esas calles trampa son ahora el lugar más seguro para los que temen nuevas réplicas del terremoto que asoló ayer el país, y el único techo para muchos de los que se han quedado sin casa.

La cooperante italiana de la Asociación de Voluntarios para el Servicio Internacional (AVSI) Fiammetta Cappellini dibuja un "panorama devastador". "Desde los escombros se oyen gritos de socorro de los que se han quedado dentro y los familiares se desesperan por la impotencia", relata. "Algunas áreas de la ciudad están sin luz y la gente se concentra en las calles, alrededor de hogueras, buscando consuelo unos en otros", según Stefano Zannini, uno de los trabajadores de la ONG Médicos sin Fronteras en Puerto Príncipe.

Su colega Hans van Dillen lamenta que la capital es, en estos momentos, incapaz de hacer frente a un desastre de tal magnitud. Con los centros sanitarios destruidos o con daños estructurales, la atención médica se realiza en el exterior en precarias condiciones. "Hemos visto fracturas abiertas, graves heridas craneales y, lo peor de todo, es que no podemos proporcionar a la gente los servicios quirúrgicos adecuados", ha manifestado Van Dillen.

Parecía el infierno, sin luz, el pleno caos, de acuerdo con el testimonio de Rachmani Domersant, jefe de operaciones de la ONG Food for the Poor (Comida para los Pobres). "La ciudad estaba toda a oscuras, con miles de personas sentadas en las calles, con gente que corría, lloraba y gritaba".

"Se escuchan oraciones de agradecimiento de los que han sobrevivido"

sábado 9 de enero de 2010

IRENA SENDLER


La madre de los niños del Holocausto
Mientras la figura de Oscar Schindler era aclamada por el mundo gracias a Steven Spielberg, quien se inspiró en él para hacer la película que conseguiría siete premios Oscar en 1993, narrando la vida de este industrial alemán que evitó la muerte de 1,000 judíos en los campos de concentración, Irena Sendler seguía siendo una heroína desconocida fuera de Polonia y apenas reconocida en su país por algunos historiadores, ya que los años de oscurantismo comunista habían borrado su hazaña de los libros oficiales de historia.

Además ella nunca contó a nadie nada de su vida durante aquellos años.
Sin embargo, en 1999 su historia empezó a conocerse, curiosamente, gracias a un grupo de alumnos de un instituto de Kansas y a su trabajo de final de curso sobre los héroes del Holocausto.

En su investigación consiguieron muy pocas referencias sobre Irena. Sólo había un dato sorprendente: había salvado la vida de 2,500 niños.
Cómo es posible que apenas hubiese información sobre una persona así?. La gran sorpresa llegó cuando tras buscar el lugar de la tumba de Irena, descubrieron que no existía dicha tumba, porque ella aún vivía,…y de hecho todavía vive…

Hoy es una anciana de 97 años que reside en un asilo del centro de Varsovia, en una habitación donde nunca faltan ramos de flores y tarjetas de agradecimiento procedentes del mundo entero.

Cuando Alemania invadió el país en 1939, Irena era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia, el cual manejaba los comedores comunitarios de la ciudad.

En 1942 los nazis crearon un ghetto en Varsovia. Irena, horrorizada por las condiciones en que se vivía allí, se unió al Consejo para la Ayuda de Judíos.
Consiguió identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era la lucha contra las enfermedades contagiosas.

Como los alemanes invasores tenían miedo de una posible epidemia de tifus, permitían que los polacos controlaran el recinto.
Pronto se puso en contacto con familias a las que les ofreció llevar a sus hijos fuera del ghetto…

Pero no les podía dar garantías de éxito.
Era un momento horroroso, debía convencer a los padres de que le entregaran sus hijos, y ellos le preguntaban:
"Puedes prometerme que mi niño vivirá…?"
…pero qué podía alguien prometer cuándo ni siquiera se sabía si lograrían salir del ghetto

Lo único cierto era que los niños morirían si permanecían en él.
Las madres y las abuelas no querían desprenderse de sus hijos y nietos. Irena las entendía perfectamente, pues ella misma era madre, y sabía perfectamente que, de todo el proceso que ella llevaba a cabo con los niños, el momento más duro era el de la separación.

Algunas veces, cuando Irena o sus chicas volvían a visitar a las familias para intentar hacerlas cambiar de opinión, se encontraban con que todos habían sido llevados al tren que los conduciría a los campos de la muerte.

Cada vez que le ocurría algo así, luchaba con más fuerza por salvar a más niños.

Comenzó a sacarlos en ambulancias como víctimas de tifus, pero pronto se valió de todo lo que estaba a su alcance para esconderlos y sacarlos de allí: cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercaderías, sacos de patatas, ataúdes... en sus manos cualquier elemento se transformaba en una vía de escape.

Logró reclutar al menos una persona de cada uno de los diez centros del Departamento de Bienestar Social. Con su ayuda, elaboró cientos de documentos falsos con firmas falsificadas dándoles identidades temporarias a los niños judíos.
Irena vivía los tiempos de la guerra pensando en los tiempos de la paz.

Por eso no le bastaba solamente mantener a esos niños con vida.
Quería que un día pudieran recuperar sus verdaderos nombres, su identidad, sus historias personales, sus familias.

Entonces ideó un archivo en el que registraba los nombres de los niños y sus nuevas identidades. Anotaba los datos en pequeños trozos de papel y los guardaba dentro de botes de conserva que luego enterraba bajo un manzano en el jardín de su vecino.
Allí aguardó, sin que nadie lo sospechase, el pasado de 2,500 niños… hasta que los nazis se marcharon.

Pero un día los nazis supieron de sus actividades.

El 20 de octubre de 1943, Irena Sendler fue detenida por la Gestapo y llevada a la prisión de Pawiak donde fue brutalmente torturada. En un colchón de paja de su celda, encontró una estampa ajada de Jesucristo. La conservó como el resultado de un azar milagroso en aquellos duros momentos de su vida, hasta el año 1979, en que se deshizo de ella y se la obsequió a Juan Pablo II.

Irena era la única que sabía los nombres y las direcciones de las familias que albergaban a los niños judíos; soportó la tortura y se rehusó a traicionar a sus colaboradores o a cualquiera de los niños ocultos.

Le rompieron los pies y las piernas además de imponerle innumerables torturas. Sin embargo nadie pudo romper su voluntad.
Así que fue sentenciada a muerte.

Una sentencia que nunca se cumplió, porque camino del lugar de la ejecución, el soldado que la llevaba, la dejó escapar.

La resistencia le había sobornado porque no querían que Irena muriese con el secreto de la ubicación de los niños.

Oficialmente figuraba en las listas de los ejecutados, así que a partir de entonces, Irena continuó trabajando, pero con una identidad falsa.
Al finalizar la guerra, ella misma desenterró los frascos y utilizó las notas para encontrar a los 2,500 niños que colocó con familias adoptivas.

Los reunió con sus parientes diseminados por toda Europa, pero la mayoría había perdido a sus familiares en los campos de concentración nazis.
Los niños sólo la conocían por su nombre clave: Jolanta.

Años más tarde, su historia apareció en un periódico acompañada de fotos suyas de la época, varias personas empezaron a llamarla para decirle:
“Recuerdo tu cara …soy uno de esos niños,
te debo mi vida, mi futuro y quisiera verte…”

Irena tiene en su habitación cientos de fotos con algunos de aquellos niños sobrevivientes o con hijos de ellos. Su padre un médico, que falleció de tifus cuando ella era todavía pequeña, le inculcó lo siguiente:
“Ayuda siempre al que se está ahogando,
sin tomar en cuenta su religión o nacionalidad.
Ayudar cada día a alguien tiene que ser una necesidad
que salga del corazón”

Irena Sendler lleva años encadenada a una silla de ruedas, debido a las lesiones que arrastra tras las torturas sufridas por la Gestapo.
No se considera una heroína.
Nunca se adjudicó crédito alguno por sus acciones. Siempre que se le pregunta sobre el tema, Irena dice: "Podría haber hecho más, y este lamento me seguirá hasta el día en que yo muera."

“No se plantan semillas de comida. Se plantan semillas de bondades.
Traten de hacer un círculo de bondades, éstas los rodearán y los harán crecer más y más”.

Irena Sendler

Falleció el 12 de mayo de 2008

jueves 31 de diciembre de 2009

EN LA PERIFERIA DE NUESTRO SUFRIMIENTO

El sufrimientos propio, el sufrimiento que vemos en otros, incluso la experiencia del sufrimiento que nuestros errores y sus consecuencias producen nos llevan a reflexionar….pero….¿Cómo nos ayuda el sufrimiento? porque... mal de muchos... consuelo de tontos. Está bien saber lo que es sufrir, asumiéndolo, buceando en esas profundidades y de esa manera hacerlo propio pero, ¿de qué nos sirve? como modelo de acción eficaz contra el sufrimiento.

Entendemos el sufrimiento solidario, el hacernos cargo del dolor para superarlo como la mejor forma de responder tanto al sufrimiento ajeno (evitando así los paternalismos, los asistencialismos) como respecto del propio (para ir más allá del propio dolor es preciso abrazarlo, aprender a convivir con él como el minusválido: sólo cuando acepta su limitación puede superarla).
El sufrimiento solidario conjura así los bloqueos o las actitudes erradas que suelen nacer de una actitud exterior.

Para entender esto es preciso hacerse cargo de la dinámica de las malas decisiones que tomamos. La no aceptación multiplica el dolor alimentándose del rechazo al sufrimiento que uno mismo genera, o por parte de los que se ven afectados por él. Es como una «papa caliente» que va pasando de mano en mano, hiriendo a todos los que toca, como en una reacción en cadena...hasta que llega a alguno que, en vez de pasársela a otro, la acoge, la guarda, interrumpiendo la cadena y asumiendo la responsabilidad de hacerse cargo del sufrimiento. La razón es simple.Al no aceptarlo sólo se le ayuda a crecer.

El sufrimiento en realidad trasciende
el contexto humano y se convierte en entidad autónoma:
llega a definir el existir consciente; no tiene ni comienzo
ni propósito ni fin.( JAMES MAHARG)

Desde esta perspectiva se nos revela que:
Respecto del sufrimiento personal el mayor problema que produce el dolor es que, por el instinto de conservación, el hombre, cuando lo experimenta, tiende a curvarse sobre sí, en auto compasión, lamiéndose las propias heridas. Este movimiento de defensa es el que nos hace esclavos del sufrimiento, que nos domina, deforma nuestra humanidad y nos incapacita para amar.

Respecto del sufrimiento ajeno, el mayor problema que puede generar es una respuesta de odio, de revancha, escándalo paralizante que, al incapacitarnos para amar o bien multiplica el sufrimiento por generar una respuesta violenta o bien nos endurece, hasta el punto de ver al dolor del otro con indiferencia. En ambos casos quedamos incapacitados para el “Sacro-facere” hacer-sagrado.

Una estupenda frase de Hellen Keller lo expresa con plasticidad: «Yo lloraba porque no tenía zapatos, hasta que vi a un hombre que no tenía pies». Quien vive el sufrimiento personal así, puede ofrecer, puede seguir amando y solidarizándose, porque ya no está sometido al dolor.

martes 8 de diciembre de 2009

CULTIVAR LA COMPASIÓN ANTE LA VIOLENCIA

La vía de la paz

Palabras de Thich Nhat Hanh ante los atentados del 11 de septiembre de 2.001

Toda violencia es injusticia.
Replicar violentamente a la violencia constituye una injusticia, no solamente hacia el otro, sino también hacia uno mismo.


Replicar violentamente a la violencia no resuelve nada; esto sólo consigue crear una escalada de violencia, de cólera y de odio. Sólo la compasión nos permite asir la violencia y hacerla desaparecer. Esto no se aplica solamente en las relaciones entre individuos, sino igualmente entre las naciones.

Numerosas personas en América consideran a Jesucristo como su Señor, su ancestro espiritual y su maestro. En momentos como éstos, se hace imperioso que
obedezcamos sus enseñanzas. Jesús no nos ha exhortado jamás a replicar violentamente a los actos de violencia. Más bien nos ha exhortado a emplear la compasión ante la violencia. Los preceptos del judaísmo caminan en la misma dirección.

Invitamos a los jefes espirituales de los Estados Unidos a tomar la palabra para volver a traer estas enseñanzas al espíritu de la nación americana y de su pueblo. Lo que importa ahora, es reconocer el sufrimiento, abrazarlo y comprenderlo.

Tenemos necesidad de calma y de lucidez para poder comprender nuestro propio sufrimiento, el sufrimiento de este pueblo y el sufrimiento del mundo. Es percibiendo la naturaleza del sufrimiento que sabremos el camino a tomar.

La violencia y el odio a los que hacemos ahora frente, han sido creados por la incomprensión, la injusticia, la discriminación y la desesperación. Todos somos corresponsables del estado de violencia y de desesperación del mundo por nuestra manera de vivir, de consumir y de administrar los problemas del planeta. Cuando hayamos asido la razón de esta violencia, sabremos lo que es preciso hacer y no hacer para atenuarla en nosotros y en el mundo, para hacer emerger y alimentar la comprensión, la reconciliación y el perdón.

Tengo la convicción de que los Estados Unidos poseen suficiente sabiduría y valor para proceder con compasión y en un espíritu de perdón, y sé que actuar de esta manera aportará un gran consuelo, en este momento, al pueblo americano y al mundo.
Thich Nhat Hanh